viernes, 30 de diciembre de 2011

I HAVE A DREAM.TENGO UN SUEÑO. MARTIN LUTHER KING.


 Conocer aquello por lo que luchó Martin Luther King y que tan bien refleja este discurso, hace plantearse a uno una serie de cuestiones por las que acabas avergonzado o sorprendido por esa realidad que tuvieron que soportar las personas negras desde su nacimiento, una realidad que iría ligada al color de su piel durante su destino;
por ello ha sido juzgada y no por su interior.

Afortunadamente muchas de las barbaries de aquellos tiempos ya no se producen pero esto no significa que no quede nada de injusticia, segregación, racismo, tristemente.

Una persona dueña de otra persona…Una persona propiedad de otra…
Una persona es menos que tú.
Una persona por ser negra merece vivir condiciones inhumanas.

Y me pregunto:¿Cómo una persona puede tratar así a otra?
Porque no las ven como tales; paradójicamente después de todo el proceso de evolución del hombre, del paso del tiempo, es evidente.

Se perdieron ciertos valores. Y sin embargo, aun sabiendo, no hacemos nada por recuperarlos.
Seguimos sumidos en el egoísmo, el individualismo, la desigualdad, la superficialidad,
no existe tiempo en nuestra ocupada vida para pararse a reparar, para echar un vistazo al mundo.
Desde el momento en que nacemos y antes de morir, hay una vida, una vida que no mira color de la piel ni  posición social. Vida que se nos ha dado a todos.
            
                                                                                 Milena Martínez Alcalá.*** 

CONTINUIDAD INTERRUMPIDA.




¿Nunca te has parado a observar a tu alrededor cuando vas en metro?
Yo lo hago, lo hago a menudo; es como una especie de juego.
Subes al vagón; vagón que desde fuera parece enlatar a las personas; o a uno más tranquilo.
Muchas veces hay banda sonora; una señora con un altavoz en el brazo y micrófono que viaja de estación en estación o un señor con acordeón,  hacen recordar algún momento de tu infancia; con esa canción que siempre hemos tatareado. Mientras una chica la canta bajito al oído de su pareja y él sonríe.
Una niña pequeña cuenta a su padre un chiste que acaba de inventar mientras su hermano inquieto da saltos en el asiento. En frente sentados un matrimonio mayor de la mano, ha pasado el tiempo y ¡qué felices aparentan ser juntos aún!
Y alguien conocido pasa desapercibido en un rincón con un libro.


Haces el transbordo. Y entonces esa cadena gris plata de escaleras mecánicas donde todo es un baile; hacia la derecha si están en la derecha; hacia la izquierda si están ahí, en medio sino hay nadie o te despistas;  hacia adelante si llevas prisa.
En dirección contraria cinco personas hablan por teléfono y el estudiante cargado con una mochila a la espalda y sus cascos vuelve de la universidad deseando llegar a casa. Cuando casi terminas toca ir a pie por avería.
Éstas se alternan con las alfombras de CDs y DVDs de los pasillos.
¿Quiénes son? ¿Desde dónde habrán venido? Seguro que se han jugado la vida en una patera que varada en la orilla esperaba encontrar el paraíso...

Entras en otra atmósfera de un nuevo color dependiendo de la línea y de la estación sabes con quien te encontrarás.

Un señor de traje con maletín parece  hablar en inglés de negocios con un grupo de japoneses; 
hay un gracioso bebé que cambia su puchero por una sonrisa con tan sólo una mueca tuya.
El chico se agarra a la barra mientras su novia lo abraza. 
Si es fin de semana jóvenes con maletas se van a casa entrando justo antes de que cierren las puertas acelerados; otros ven como el metro comienza a moverse cuando ellos llegan.
¡Anda! ¡Un amigo o compañera de facultad! Es  difícil coincidir.

A veces piensas : ¿ Y si hubiese un metro que me llevase a casa un ratito? Estaría a tiempo para ir a clase mañana.
Entonces escuchas hablar a alguien, y reconoces el acento ¡qué alegría!
Hay abajo hay ritmos que suenan a chotis, pasodoble, a tango, a baile congolés, cumbia, kasachok…
¿Y en el otro andén?¿Y dos vagones más allá? Próxima estación…Ya hemos llegado.


                                                                                         Milena Martínez Alcalá.***           
                                 

sábado, 24 de diciembre de 2011

ENTRE CANDILEJAS



Candilejas, candileja, candil…

¿Qué significado tiene cada uno de estos términos?
¿Cuál es su origen?

Candil viene del latín candelam (vela,cirio) en alusión al brillo que provenía del calor, y a su vez de candere ‘ser blanco’ de donde también tenemos cándido (de alma pura) y candor, con el sentido de sinceridad y sencillez.

Desde el siglo X, los candiles eran lamparillas de metal con un recipiente lleno de algún tipo de combustible, como por ejemplo el aceite, y un gancho para sujetar o colgarlo. 
Una de las muchas y tradicionales imágenes de los poemas de Lorca.

Candil también puede ser la punta alta de un cuerno, coloquialmente el pico de un tipo de sombrero o de las sayas de la mujer, una planta, un pez cubano, una bebida caliente colombiana o incluso unos bailes andaluces y extremeños.

Pero es en el antiguo candil , del latín ‘lucerna’ que nos servía para alumbrar donde se encuentra 
la candileja; ese pequeño vaso interior en el que se pone la materia combustible y la mecha para que arda.

En Colombia hay un mito que se cuenta. En las noches oscuras tres estrellas de fuego rápidas y sonoras, las de la Candileja persiguen por las calles a borrachos e infieles.
También es una planta con propiedades medicinales; quizás hubiese salvado a Calvero, ese viejo cómico triste interpretado por el gran Charles Chaplin que soñaba con volver a hacer llorar de risa a un público y que murió tumbado en bastidores, iluminado por las candilejas de interior, queriendo a su amada bailarina Terry ‘’entre candilejas’’  y eternamente como dice la canción. Entre las luces y las sombras, mientras ella danzaba iluminada por la candileja, línea de focos en el  proscenio del escenario.

Charlot puso música y luz a esta palabra, Candilejas.

                                        
                                                                                        Milena Martínez Alcalá.***