¿Nunca te has parado a
observar a tu alrededor cuando vas en metro?
Yo lo hago, lo hago a
menudo; es como una especie de juego.
Subes al vagón; vagón
que desde fuera parece enlatar a las personas; o a uno más tranquilo.
Muchas veces hay banda
sonora; una señora con un altavoz en el brazo y micrófono que viaja de
estación en estación o un señor con acordeón, hacen recordar algún momento de tu infancia; con esa canción
que siempre hemos tatareado. Mientras una chica la canta bajito al oído de su
pareja y él sonríe.
Una niña pequeña
cuenta a su padre un chiste que acaba de inventar mientras su hermano inquieto
da saltos en el asiento. En frente sentados un matrimonio mayor de la mano, ha
pasado el tiempo y ¡qué felices aparentan ser juntos aún!
Y alguien conocido pasa desapercibido en un rincón con un libro.
Haces el transbordo. Y
entonces esa cadena gris plata de escaleras mecánicas donde todo es un baile;
hacia la derecha si están en la derecha; hacia la izquierda si están ahí, en
medio sino hay nadie o te despistas;
hacia adelante si llevas prisa.
En dirección contraria cinco personas hablan por teléfono y el estudiante cargado con una mochila a la espalda y sus
cascos vuelve de la universidad deseando llegar a casa. Cuando casi terminas toca ir a pie por avería.
Éstas se alternan con las
alfombras de CDs y DVDs de los pasillos.
¿Quiénes son? ¿Desde dónde habrán
venido? Seguro que se han jugado la vida en una patera que varada en la
orilla esperaba encontrar el paraíso...
Entras en otra
atmósfera de un nuevo color dependiendo de la línea y de la estación sabes con
quien te encontrarás.
Un señor de traje con maletín parece hablar en inglés de negocios con un grupo de japoneses;
hay un gracioso bebé que cambia su
puchero por una sonrisa con tan sólo una mueca tuya.
El chico se agarra a
la barra mientras su novia lo abraza.
Si es fin de semana jóvenes con maletas se
van a casa entrando justo antes de que cierren las puertas acelerados; otros
ven como el metro comienza a moverse cuando ellos llegan.
¡Anda! ¡Un amigo o
compañera de facultad! Es difícil
coincidir.
A veces piensas : ¿ Y
si hubiese un metro que me llevase a casa un ratito? Estaría a tiempo para ir a
clase mañana.
Entonces escuchas
hablar a alguien, y reconoces el acento ¡qué alegría!
Hay abajo hay ritmos
que suenan a chotis, pasodoble, a tango, a baile congolés, cumbia, kasachok…
¿Y en el otro andén?¿Y
dos vagones más allá? Próxima estación…Ya hemos llegado.
Milena Martínez Alcalá.***
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