El héroe inexistente de Ramón Lobo es un
libro que te transporta a cada uno de los rincones en los que el autor
acompañado de su blog de notas y algún compañero viven las guerras.
Las guerras…¿Qué es una guerra? El cuervo
de Lobo, como se denomina a los periodistas en la obra; sabe más que nosotros
lo que es, pero no del todo, pues al fin y al cabo no deja de ser más que un
cuervo, un cuervo que observa y escribe. Pero un cuervo muy humano, que en el
momento menos esperado, se emociona dejando correr por su rostro lágrimas de
esos verdosos ojos que tuve la suerte de conocer en persona. Lo
entrevisté… Recuerdo su mirada,
una mirada que transmite vivencias y sentimientos que entonces sólo logras
descifrar.
Ramón Lobo es un corresponsal de guerra,
uno de los tantos ‘héroes inexistentes’ que son observados por las multitudes
de las tragedias con nombre que tan pronto como ocupan una portada, una página
o una columna son olvidadas…
Y es que los miran con admiración. Esto
es lo que al autor le hace reflexionar, él no hace nada; simplemente se ocupa
de llegar, perseguir lo que considere crónica para su periódico, eso sí
jugándose la vida, y viajar a otro lugar para lo mismo al día siguiente.
Pero como él dice en la memoria quedan
imágenes de un archivo de horrores, quedan esas heridas invisibles que siempre
estarán ahí, que nunca desaparecerán porque cuando uno vuelve de una guerra, no
regresa del todo; algo de ti queda atrapado en lo vivido.
Bosnia, Serbia, Albania-Kosovo,
Chechenia, Irak, Haití, Ruanda, Zaire-Congo, Guinea Ecuatorial, Sierra Leona…
Todos son fantasmas, fantasmas que aparecen con nombre: Boy, un recién nacido
con una granada de mortero debajo del brazo; Sabina, La ruta del bombón, el
abarrotado esperanzador refugio de Chechenia, la recepcionista de un hotel, el anciano con las arterias al
aire, sangre, sangre, sangre… Y con el paso del tiempo, ya no hay llanto, sólo
un gesto de dolor prisionero de una mirada perdida que se queda grabada para
siempre, que te devuelve a tu mundo, a un mundo donde todo lo mueve el mero
interés político, económico… Empresas petrolíferas, diamanteras, ¿bélicas u
egocéntricas?
Pero esto normalmente no aparece en la
prensa, todo es estadística, cifras…Y nosotros lo leemos, nos sorprendemos si
tenemos tiempo en nuestra acelerada vida. Y queda ahí…
Quizás esos caramelos, cajas de pilas,
dinero, alimento, o simples gestos de calor son los que de alguna forma curan
al periodista. Todos necesitamos lo mismo; el corresponsal lo describe con las frías contestaciones
de las llamadas a redacción, en las que no hay un ¿ cómo estás? Nada de alegría
por saber que un compañero que acaba de huir de un francotirador apuntándole a la frente escapa de la muerte con suerte.
No es una ONG, ni un médico o enfermera,
pero es un ser humano, testigo de la vida de otras personas que no nacen, viven
y mueren como tales. Esos son los héroes de verdad, héroes entre escombros,
entre metralla, ceniza, en quirófanos, en campamentos de refugiados…Que se
aventuran en una patera en busca de una
soñada vida mejor. Héroes que Ramón Lobo dejó en todos estos lugares,
que obedeciendo injustamente a la ley de vida, permanecerán en el olvido.
Milena Martínez Alcalá.***
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