Estás
presente a lo largo del día, conmigo.
¿Y
sabes qué más?
Tú
no tienes ni idea.
El
destino caprichoso decidirá,
y
en ese momento yo también estaré en ti.
Mientras
tanto ¿qué he de hacer? Nada.
El
miedo y mi forma de ser quieren empeñarse en que hay una valvulita escondida en
el corazón llamada olvido que anestesia.
Podría
existir otra que
nos dijera ‘Adelante’, una señal.
O
mejor aún podría ser tan sencillo como una vela,
Pero
no una cualquiera , pues de nuevo el destino decidiría la duración de la cera
,la llama y la mecha.
Yo
contemplo su luz a oscuras, cuidándola para que no se consuma, queriendo hallar
el secreto, queriendo saber si merecerá la pena que comience a fundirse
desapareciendo o permanezca intacta.
¿Sabes
qué?
La
vida fue quien encendió estas metáforas, y ahora permanece suspendida allá
arriba contemplando, y yo
preguntándome si te ha ido a buscar y si te ha hablado de mi.
Mi
corazón escribe, pero
no descarta conocer el camino hacia el rinconcito que nos duerme.
Pobre,
cree que así dejará de sentir…
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